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HAY QUE SABER ESCOGER EL DESTINO

Por lo que veo en la gente, les gusta mucho viajar pero mi opinión de viajar no es la misma que la del resto de la gente. Hay mucha gente que incluso les da igual el destino con tal de viajar. Yo para tener ganas de viajar el destino tiene que ser un destino de playa, sino no viajo, viajar a países en el que ponerse enfermo es más fácil que respirar no es la clase de viaje que nadie quiere, pero la gente los sigue haciendo. Además soy bastante raro a la hora de comer, y solo iría a sitios donde se me asegurase que iba a poder comer con normalidad, nada de aventurarse a comer cosas raras.

 

Tengo un par de amigos que acaban de volver de sus vacaciones y se fueron de viaje a Vietnam y a Camboya y seguro que a ellos les gustó el viaje, pero yo no soy tan abierto como ellos para aventurarme a un país tan lejano donde no sé lo que me voy a encontrar.

Es como la gente que se va de viaje a un destino peligroso y al final les pasa lo que tenía que pasar, o les pasa algo o les secuestran o cosas así. Eso a mí nunca me pasará, si veo que hay un atisbo de peligro hacia mi persona prefiero no viajar, no veo necesidad de poner mi vida en peligro tontamente.

 

De los viajes el mejor momento suele ser a la hora de los desayunos en los hoteles en los que puedes comer lo que más te pueda apetecer, puedes comer bollería, zumos, fruta o café solo o con leche según como sean tus gustos.

 

El destino que se escoja para hacer un viaje tiene que estar muy bien pensado, para no verte envuelto en cualquier clase de problemas que no te esperabas, así que antes de viajar infórmate bien para que no haya ninguna clase de problemas. Además hay que recordar que los mejores viajes son los que haces con los amigos, y no con la familia como casi todo el mundo cree, ya que con los amigos no discutes y con la familia si.

¿Vale la pena hacer conservas en casa?

Muchas personas optan por hacer conservas caseras para asegurarse de que ellos y su familia consumen frutas y verduras al mejor precio y sin colorantes ni conservantes. Pero hoy en día muchas marcas de conservas realizan productos de gran calidad, totalmente naturales y a precios muy competitivos. ¿Quiere esto decir que ya no merece la pena realizar conservas caseras? No, pero   podría ser una buena idea enfocarlo de una manera diferente.

Las conservas, tradicionalmente, se comenzaron a hacer para poder aprovechar la verdura o la fruta que llega toda junta cuando está de temporada. Así, se aseguraba poder comer determinados productos todo el año. Si se tiene huerto propio vale la pena seguir realizando las conservas para aprovechar estos productos y que no se estropeen por la imposibilidad de consumirlos todos juntos.

Pero si no se tiene huerto hay otra razón por la que puede valer la pena realizar conservas caseras: crear combinaciones originales que no se puedan comprar en el mercado. Por ejemplo, si te gusta combinar determinadas frutas para una mermelada que no existe en el mercado, adelante. O si quieres aprovechar cuando a tu mercado traen algunas verduras o frutas propias de otros lugares y que no son fáciles de encontrar.

Los diferentes aliños para la salsa de tomate son también una de las razones por las que muchas personas quieren realizar sus propias conservas. Así, no tienen que añadir nada a la salsa que compran, sino que utilizan sus propias recetas para disfrutar de los sabores que más les gustan sin tener que cocinar cada vez.

Hoy es posible encontrar frutas y verduras de todo tipo en el mercado, incluso sin estar en su temporada porque se importan de otros lugares. Dejando a un lado que el sabor no es el mismo debido a todo el proceso que implica su importación, el precio suele ser realmente prohibitivo. Sin embargo, las conservas se mantienen al mismo precio todo el año y cada vez existe una mayor variedad de ellas en el mercado.

La preocupación por la comida sana y por mejorar los hábitos de consumo han hecho que muchas de estas conservas sean totalmente naturales y prácticamente igualen en calidad a las realizadas en casa. Sin embargo, nuestros productos de la huerta o nuestras recetas personales siguen siendo únicas e inimitables y merecen la pena el esfuerzo de dedicar unas horas a realizar las conservas.

Receta de leche de almendras cremosa

Hacer leche de almendras en casa y además requiere de tan solo dos utensilios: una buena batidora o procesadora de alimentos y una bolsa para leches vegetales que se puede conseguir en tiendas de productos naturales, herbolarios o en tiendas online. Para quien echa de menos la untuosidad de la leche entera, esta receta incorpora una pequeña cantidad de anacardos. Un truco que aprendí del blog Primal Palate y que cambia por completo la textura de esta leche vegetal, haciéndola mucho más sabrosa.

  1. Comienza por mezclar las almendras con los anacardos: yo uso un vaso de los normales de la cocina para hacer todas las medidas, así que pongo un vaso y medio de almendras al natural sin sal más medio vaso de anacardos al natural. En total son dos vasos de nueces.
  2. Cubre esta mezcla de almendras y anacardos con cerca de un litro de agua fría y deja reposar durante 24 horas en un lugar fresco o dentro de la nevera.
  3. Pasado este tiempo ya estamos listos para preparar la leche vegetal. Para eso empieza por tirar el agua de remojo, esa no la queremos.
  4. Echa las almendras y los anacardos remojados en el vaso de la batidora.
  5. Añade cuatro vasos de agua fresca, un poco de extracto de vainilla, una pizca de sal y una cucharada sopera del endulzante que prefieras (azúcar de coco, xilitol…)
  6. Tritura todo hasta tener una crema fina. Dependiendo de la potencia de tu batidora te llevará más o menos tiempo, yo las trituro durante unos cuatro o cinco minutos
  7. Coloca la bolsa para leche vegetal abierta sobre una jarra. Vuelca la mezcla de almendras trituradas dentro de la bolsa.
  8. Cierra la bolsa y aprieta para sacar la leche. Escurre bien para conseguir la mayor cantidad posible de líquido, dejando en la bolsa solo la pulpa de las almendras y los anacardos.
  9. Ve añadiendo un poco más de agua fresca hasta que la leche tenga la consistencia que tú quieres. Esto pueden ser un par de vasos más de agua.

Ya tienes tu leche de almendras lista. Puedes guardarla en la nevera hasta 3 o 4 días sin problemas. Ya verás que buena.