En la mayoría de los aperitivos es el queso un ingrediente secundario o anecdótico, pero en ciertos snacks su protagonismo se dispara y acaba incluso por darle nombre. Es el caso de los tequeños venezolanos, las quesadillas, los chips de queso o los quesitos light, entre otros.
Para seguir una dieta saludable, la inclusión de los productos lácteos parece obligada. Quizá por ello los quesitos —porciones individuales y triangulares de queso fundido— se han convertido en parte indispensable de las meriendas y desayunos infantiles, por su aporte de calcio y escasez de grasas y calorías. Eso sí, debe procurarse que el quesito esté elaborado con queso natural y no una mezcla de proteínas y sueros de leche o sales fundentes.
Los tequeños, por su parte, son una delicia oriunda de Venezuela que consiste en una masa crujiente de trigo rellena con queso gouda. La fama de estos «palitos» de queso ha traspasado las fronteras caribeñas, para introducirse en el ritual del picoteo de países como España.
¿Rebanadas de queso parmesano o chédar al horno? Los chips de queso son un bocado poco conocido y una forma de saciar el apetito sin recurrir a productos con gluten o exceso de carbohidratos. Su rareza permite sorprender a las visitas y disfrutar del queso de un modo original.
El recetario mexicano cuenta con numerosos aperitivos donde este derivado lácteo desempeña un rol fundamental. Un buen ejemplo son las quesadillas, consistentes en tortillas de maíz con un relleno de queso fundido, generalmente de Oaxaca. Es una fuente de calcio, fibra, vitamina B y minerales como el fósforo, el potasio y el magnesio.
En el Lejano Oriente, los japoneses consumen una especie de queso en tiras conocido como «sakeru cheese». Presente una textura elástica y está disponible en sabores tan insólitos como la salsa de tomate o el beicon.